Mitos y realidades de la epilepsia
Por lo menos 40 millones de personas en el mundo, entre ellas, de 1.5 a 2 millones de mexicanos sufren de crisis epilépticas. Esta enfermedad no es contagiosa, no provoca locura, no se asocia forzosamente a daño cerebral o a retardo mental y, sobre todo, en la gran mayoría de los casos puede ser controlada.
La epilepsia se refiere a un problema médico crónico caracterizado por la presencia de crisis convulsivas recurrentes, las cuales pueden presentarse en individuos sin epilepsia, por lo que estrictamente, se requieren dos o más crisis no provocadas para establecer el diagnóstico de epilepsia. Se calcula que cerca del 10% de la población general experimenta por lo menos una crisis a lo largo de la vida, y que de éstos, solamente un 10% desarrollará crisis recurrentes, por lo que la prevalencia de la epilepsia en la sociedad oscila entre el 1 y 2%. La mayoría de los pacientes que sufren de epilepsia responden adecuadamente a tratamientos médicos y pueden tener una buena calidad de vida.
Las crisis convulsivas son el resultado de un aumento en la actividad eléctrica cerebral provocadas por complicaciones durante el nacimiento, traumatismos craneales, infecciones cerebrales, problemas vasculares, enfermedades parasitarias como la cisticercosis, tumores cerebrales o malformaciones diversas.
De acuerdo con su causa, la epilepsia se clasifica en:
- Epilepsia idiopática: aquella que se ha diagnosticado, pero cuya causa no ha podido ser definida en un sujeto que tiene un desarrollo psicomotor completamente normal.
- Epilepsia criptogénica: aquella bien definida, en la que no se ha logrado determinar una causa, pero en la que hay evidencia de daño estructural generalmente manifestado por retraso en el desarrollo psicomotor del individuo.
- Epilepsia secundaria: relacionada con lesiones estructurales como tumores y malformaciones, entre otros.
Los síntomas que experimenta una persona durante una crisis epiléptica dependen del lugar en el cerebro en el cual ocurre la alteración de la actividad eléctrica. Una persona que tiene una crisis tónico-clónica puede gritar, perder el sentido y desplomarse, ponerse rígido y presentar espasmos musculares. Otro tipo de crisis epiléptica es la denominada crisis parcial compleja, en la que el paciente puede parecer confundido o aturdido y no podrá responder a preguntas ni instrucciones. Otras personas tienen ataques leves que ni siquiera son notados por otros. Algunas veces, la única manifestación de la crisis epiléptica es un parpadeo rápido o algunos segundos de mirada perdida con desconexión del medio; a este tipo de crisis epiléptica se lo denomina ausencia y es relativamente frecuente en la infancia.
Diagnóstico
Si una persona presenta una pérdida de conciencia, desarrolla espasticidad muscular con sacudidas de todo el cuerpo, presenta incontinencia urinaria o repentinamente sufre un estado de confusión mental y falta de concentración, puede deberse a una crisis convulsiva.
Aparte de tomar nota de la descripción de los hechos, el médico basará el diagnóstico de trastorno convulsivo o de epilepsia en los resultados de un electroencefalograma (EEG) que mide la actividad eléctrica del cerebro. El médico estudia el registro del EEG para detectar alguna evidencia de descargas anormales.
Una vez que se diagnostica la epilepsia, se suelen necesitar pruebas complementarias para buscar una causa con posibilidades de tratamiento. A menudo, el médico solicita un electrocardiograma para comprobar si la causa de la pérdida de conciencia fue consecuencia de una arritmia cardiaca que produjo un riego sanguíneo insuficiente en el cerebro. Por lo general, también solicita una tomografía computadorizada (TC) o una resonancia magnética (RM) para descartar un cáncer en el cerebro y otros tumores, un ictus antiguo (accidente cerebrovascular), pequeñas cicatrices y lesiones producidas por traumatismos. En ocasiones se requiere practicar una punción lumbar para determinar si la persona tiene una infección cerebral.
Cuando no se encuentra una causa o bien, no es posible controlar ni curar el trastorno completamente, puede ser necesario administrar fármacos anticonvulsivantes con el objeto de prevenir la aparición de nuevas convulsiones.
Del 10 al 20% de las personas con epilepsia no podrán prevenir las crisis únicamente con los fármacos anticonvulsivantes. Si se logra identificar como causante del trastorno a un área concreta del cerebro y ésta es pequeña, el problema puede resolverse tras la resección quirúrgica del foco epiléptico. En las personas con varios focos convulsivos o las que tienen convulsiones que se extienden rápidamente a todo el cerebro, puede resultar eficaz la resección quirúrgica de las fibras nerviosas que conectan los dos lados del cerebro (cuerpo calloso), o la colocación de estimuladores cerebrales (como el estimulador del nervio vago) que favorecen la normalización de los ritmos electrocerebrales. Estos procedimientos quirúrgicos solamente se consideran en el caso de que los tratamientos farmacológicos no sean efectivos o si sus efectos secundarios no pueden asumirse.
Los días 5, 6 y 7 de marzo del presente año, se llevo a cabo el Segundo Curso Integral de Epilepsia, organizado por la Clínica de Epilepsia del Centro Médico ABC en conjunto con el Departamento de Epilepsia de la Cleveland Clinic Foundation y el Departamento de Neurofisiología Clínica del Hospital Metodista de Houston. Contamos con la participación de nueve epileptólogos extranjeros de cuatro continentes, así como de 21 reconocidos especialistas en diversos ámbitos de la epilepsia. El evento contó con 280 asistentes de varios estados de la República Mexicana, así como de Centro y Sudamérica.
